Ya... las cosas con prisas al final necesitan que alguien dé con el dedo a las manecillas del reloj hacia atrás, para hacerlo bien de nuevo.
Y ahora eso es lo que estoy esperando, que alguien me diga que es capaz.
Creo que he encontrado a la persona idónea, aunque la verdad, nunca pensé en otra. Pero aún no sé su respuesta, y entre mis manos tengo amarrado un sí, por si acaso, para que no se escape.
Tengo toda la esperanza puesta ahí, porque sé que esa persona sacará mi voz acuosa y dolorida, para convertila en una amapola recién nacida.
Muchas esperanzas puestas ahí... pero tengo la sensación de que no me equivoco. Antes o después, sin prisa, con cariño, sin pausa. Que todo tiene que salir bien por una vez, y él tiene el poder justo y necesario.
Lo supe desde ese viaje a Santiago.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario